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La Habitación

Tic tac, tic tac, es el sonido que emite un viejo reloj que reposa sobre el escritorio, un sonido que por mas conocido y sencillo que éste sea, por momentos se torna el mas estruendoso de todos, retumbando en las paredes de aquella habitación, oscura y fría, con un techo tan alto que se hace prácticamente imposible verlo en medio de la tenue luz.

Sus muebles viejos, duros, que rechinan y se quejan hasta del paso del más minúsculo ser.

Detrás de mi se encuentra una ventana, estrecha pero casi tan alta como el techo, a través de sus gruesos y opacos vidrios se puede ver hacia fuera, en donde todo parece peor que aquí dentro.

Árboles que expresan su tristeza dejando caer de forma sutil sus pequeñas y ya secas hojas.

A lo lejos se observan unas grandes praderas, las cuales están desteñidas en señal de soledad.

Todo esta cubierto por una espesa y maciza capa de nubes, que hacen anticipar la noche en pleno día.

Una pequeña, pero fría brisa recorre las desnudas ramas de un paraíso, creando las más crueles y pálidas notas musicales que se pueden llegar a oír.

Pero de repente todo se vuelve estático, el sonido del viento se detiene, ya no viajan mas las hojas por el aire, se paralizan totalmente como magnetizadas al suelo, a lo lejos, la espesa capa de nubes se rompe de a poco, se difusa, dejando ingresar un fuerte y vigoroso rayo de luz.

Es el mismísimo sol que descendió a la tierra y se dirige hacia mi ventana.

El estruendoso sonido de ese viejo reloj se minimiza de golpe cuando puedo observar que eres tu quien se acerca a mi habitación, mirándome fijamente a los ojos y sonriendo.

Fue ahí cuando ese cuarto se ilumino, dejo de ser gélido y su techo descendió hasta donde lo podía observar…

Tu presencia transforma al mundo, transforma MI mundo…
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